Jugar fútbol no debe ser un privilegio
El talento nace en los barrios, pero la falta de recursos económicos impide que muchos jóvenes lleguen a las divisiones profesionales.
Redacción
Angie Jiménez Mejía, Carolyn Mero Delgado, Pedro Palomino Mina, Gregory Reyes Calberto, Gianella Suárez Parreño
En Ecuador, el fútbol no es solo un deporte: es una oportunidad para salir de la pobreza. Una ilusión que nace en las calles, en las canchas de tierra y en los barrios donde un balón se convierte en la primera esperanza de movilidad social. Desde temprana edad, miles de niños y jóvenes sueñan con vestir la camiseta de un club profesional, impulsados por referentes nacionales y por la posibilidad de cambiar su destino. Sin embargo, ese sueño suele apagarse lejos de los estadios, marcado por profundas desigualdades sociales y económicas.
La exclusión en el fútbol ecuatoriano es una realidad silenciosa que afecta principalmente a jóvenes provenientes de sectores vulnerables. Aunque el talento emerge en distintos rincones del país, el acceso a oportunidades deportivas sigue siendo desigual. Para muchos, el camino hacia el profesionalismo no se detiene por falta de capacidad, sino por la ausencia de recursos, apoyo institucional y políticas inclusivas que garanticen condiciones mínimas de igualdad.
Este reportaje explora la exclusión social en el fútbol ecuatoriano a través de múltiples miradas: la investigativa, la empresarial, la técnica, la familiar y la juvenil. Los testimonios recogidos revelan un sistema que, más allá del discurso meritocrático, reproduce brechas sociales que condicionan el futuro de cientos de jóvenes aspirantes.
Ellos enfrentan barreras económicas constantes: el costo de uniformes, inscripciones, alimentación y transporte diario hacia los entrenamientos se convierte en un obstáculo difícil de superar. Esta realidad es aún más cruda en zonas rurales y barrios periféricos, donde las familias sobreviven con ingresos limitados.
A estas dificultades se suman factores sociales y familiares. Muchos de los aspirantes deben abandonar el deporte para trabajar, apoyar económicamente a sus hogares o priorizar los estudios ante la falta de alternativas. Además, la escasa infraestructura deportiva y la limitada presencia de programas inclusivos profundizan la brecha. La mayoría de las oportunidades se concentran en las grandes ciudades, obligando a los talentos de otras zonas a desistir antes de ser vistos.
El fútbol como negocio: talento sin garantías
Desde el ámbito empresarial, Kevin Delgado, empresario de 32 años y figura clave en Barcelona Sporting Club, sostiene que el fútbol debe comprenderse como una industria que exige planificación, estrategia y sostenibilidad. Con una trayectoria iniciada a los 18 años, Delgado ha logrado construir una visión que combina juventud, experiencia y lectura del mercado deportivo.
Como empresario en Barcelona SC, su rol es multifacético, pues identifica y evalúa perfiles de jugadores que se alineen con la identidad y objetivos del club, asegurando que cada incorporación sea sostenible financieramente y aporte valor al equipo. Además, actúa como un puente estratégico entre el club, los jugadores y los inversionistas, conectando las ambiciones deportivas del jugador con los objetivos institucionales de la directiva. Delgado destaca la importancia de la comunicación y la transparencia con socios e inversionistas para garantizar la confianza y el éxito de las operaciones.
Para él, el talento es indispensable, pero insuficiente si no está acompañado de disciplina, actitud y estabilidad emocional. “Una buena inversión no solo mide lo que el jugador hace en la cancha, sino su capacidad para sostener el rendimiento bajo presión y proyectarse a largo plazo”, señala. En su rol dentro del club, identifica perfiles que se ajusten a la identidad institucional y evalúa que cada incorporación sea viable tanto en lo deportivo como en lo financiero.
Sin embargo, esta lógica de inversión deja fuera a muchos jóvenes que, pese a su talento, no logran cumplir con las condiciones mínimas para ser considerados. De cara al futuro, Delgado destaca que la tecnología y la marca personal del futbolista marcarán nuevas diferencias en el mercado, lo que podría ampliar aún más la brecha si no se aplican políticas de inclusión.
El talento que se pierde en el camino
Desde la dirección técnica, Guillermo Jordán Bennet Púas, entrenador del Club Internacional Guayaquil, advierte que la falta de recursos económicos es una de las principales causas del abandono temprano en el fútbol formativo. “Es frustrante ver cómo chicos con condiciones se quedan fuera por razones ajenas al talento”, afirma.
El entrenador explica que muchos de estos jóvenes provienen de hogares vulnerables, lo que limita su permanencia en los equipos. Aun así, reconoce que algunos logran transformar la adversidad en motivación personal. Para evitar la deserción, considera fundamental un enfoque integral que incluya apoyo psicológico, social y educativo, además de facilidades de transporte que garanticen la continuidad del proceso deportivo.
La exclusión en el fútbol también impacta directamente en las familias. Jennifer Andrade, madre de Daniel, un joven de 15 años, relata que su hijo tuvo que abandonar el Club Independiente del Valle por falta de recursos económicos, a pesar de haber demostrado talento y compromiso. “Me siento triste por no poder ayudar a que cumpla su deseo de jugar en una gran liga”, expresa.
La familia debía asumir gastos relacionados con pasajes, uniformes y equipamiento deportivo, que se sumaban a los gastos cotidianos del hogar. Además, los entrenamientos se realizaban después de la jornada escolar, lo que complicaba la organización del tiempo y el traslado diario.
Una situación similar vive Karen Miranda, madre de Mateo, de 16 años, quien también tuvo que dejar Barcelona Sporting Club por no poder costear los pasajes hacia los entrenamientos. Según cuenta, gastaba aproximadamente 80 dólares mensuales solo en transporte, sin incluir el costo del uniforme y los implementos deportivos. Ambas madres coinciden en que el fútbol tiene el potencial de cambiar vidas, pero sostienen que sin apoyo económico resulta imposible sostener el proceso formativo.
Para ellas, es urgente que los clubes y las autoridades implementen becas y programas de apoyo dirigidos a jóvenes talentosos de escasos recursos. Consideran que buscar talento en los barrios y eliminar la discriminación por origen social o económico son pasos fundamentales para transformar esta realidad.
Ambas madres coinciden en que el fútbol puede cambiar vidas, pero sostienen que sin apoyo económico el talento termina quedándose en el camino.
Un sueño que se resiste a desaparecer
Carlos Isaac Piza Calberto encarna la historia de cientos de jóvenes que, pese a las limitaciones económicas, se niegan a abandonar su sueño de ser futbolista profesional. Entrena de manera constante y cuenta con el respaldo de su familia, un apoyo clave para sostener la motivación.
Consciente de las dificultades del camino, Carlos Isaac cree que el talento y el esfuerzo deberían pesar más que el dinero. Su mensaje es claro: no rendirse, incluso cuando el sistema parece jugar en contra.
No cumplir el sueño de convertirse en profesional puede tener un profundo impacto en la salud mental. El psicólogo Marcos Tulio Mendívez explica que esta experiencia suele vivirse como una pérdida significativa, ya que el proyecto deportivo concentra años de esfuerzo, disciplina y expectativas. Cuando no se concreta, el deportista puede enfrentar emociones intensas como tristeza, frustración, culpa, envidia e incertidumbre frente al futuro.
Si ese sueño se construyó desde la infancia, termina integrándose a la identidad personal. Por eso, el fracaso no solo afecta metas externas, sino también la autoestima y el sentido de quién se es, pudiendo desencadenar una crisis de identidad. Frente a este escenario, resulta clave reconocer y validar la pérdida, separar el valor personal de los logros alcanzados y abrirse a la construcción de nuevos proyectos de vida. El acompañamiento social y profesional, junto con prácticas como el mindfulness, puede ayudar a resignificar la experiencia y convertir la frustración en un punto de partida para nuevas motivaciones.
No todo el panorama es desolador. En la página web del Municipio de Guayaquil se informa que renovaron un convenio de cooperación con la Junta de Beneficencia convirtiéndose en una alianza que refuerza la posición de la ciudad como Capital Americana del Deporte 2026, reconocimiento internacional que valida la apuesta por el deporte como herramienta de inclusión y transformación social.
Gracias a este proyecto Escuelas de Fútbol JBG desarrollado junto al Club Ibérico Atlético de Madrid como aliado estratégico se contempla el incremento de 15 a 20 escuelas en canchas municipales y la ampliación del número de beneficiarios entre 7.000 a 10.000 niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad. El problema es que los interesados en convertirse en futbolistas profesionales desconocen sobre cómo acceder a este beneficio.
Más allá del gol
La exclusión en el fútbol ecuatoriano no es solo un problema deportivo; es un reflejo de las desigualdades sociales que atraviesan al país. Mientras el talento continúa emergiendo en los barrios y comunidades, la falta de acceso equitativo a oportunidades sigue truncando sueños antes de llegar a la cancha profesional.
Reconocer esta realidad es el primer paso para transformar un sistema que, hasta ahora, ha dejado fuera a quienes más necesitan una oportunidad. En un país donde el fútbol moviliza pasiones y esperanzas, la verdadera victoria será cuando el talento deje de depender del dinero para poder jugar.
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