Narrativa con Rigor

Sonrisas que esconden tormentas

Historias reales que rompen el silencio sobre la ansiedad y la depresión en jóvenes

Redacción:
Yulisa Chimbolema Sagñay, Ashley Navarrete Gómez, Emily Salazar Ortega y Jessica García Rodríguez

La ansiedad y la depresión no siempre se ven. Asisten a clases, conversan con normalidad y sonríen para disimular tormentas internas. En Ecuador, cada vez más jóvenes enfrentan estas enfermedades mientras intentan sostener una vida que, hacia afuera, parece normal. Detrás de esa apariencia se esconden noches sin dormir, pensamientos repetitivos y una sensación constante de vacío.

El sociólogo Byron Malán Naula advierte que estos trastornos afectan de manera directa el rendimiento académico, las relaciones sociales y el bienestar físico y emocional de los jóvenes. Según explica, la desmotivación, los problemas de concentración, el insomnio y el aislamiento limitan su desarrollo integral. Factores como la presión académica, la falta de apoyo emocional, la exposición a la violencia y el acceso restringido a servicios de salud mental agravan la situación. En Ecuador, añade, la depresión figura entre las principales causas de discapacidad en personas de 15 a 29 años, lo que evidencia la magnitud social del problema.


Nathalie López conoce ese silencio de cerca. Su vida cambió tras una depresión posparto y la pérdida de un ser querido durante la pandemia. Lo que comenzó como tristeza se transformó en insomnio, taquicardias y ataques de pánico. “Tenía miedo de salir de casa, incluso de hacer cosas normales”, recuerda. Durante más de un año cargó sola con el miedo a ser juzgada. La ansiedad fue apagando a la mujer activa que era, llevándola al aislamiento. El punto de quiebre llegó cuando su familia intervino. Comprender que su padecimiento tenía un diagnóstico fue el primer paso para reconstruir su vida. Hoy reconoce que hablar abiertamente de salud mental es una forma de romper estigmas.


Una historia parecida vivió Itzel Pacheco. Sus primeros síntomas aparecieron de forma gradual: angustia constante, pensamientos negativos, insomnio y una tristeza que no sabía explicar. Aunque estaba rodeada de personas, se sentía invisible. “Intentaba aparentar que todo estaba bien”, confiesa. El desgaste emocional comenzó a reflejarse en sus estudios y en su comportamiento. Fueron sus familiares y amistades quienes notaron el cambio y la ayudaron a buscar terapia. En ese proceso aprendió a identificar lo que sentía y a manejar la ansiedad sin esconderse. Hoy insiste en un mensaje simple, pero urgente: hablar salva y cuidar la salud mental es tan importante como cuidar el cuerpo.


Desde la mirada clínica, el psicólogo José Manuel Salazar subraya que la salud mental es un pilar del bienestar integral. Aclara que la depresión no debe confundirse con una tristeza pasajera: se trata de un trastorno persistente que puede prolongarse por meses y manifestarse en culpa, agotamiento, miedo constante y pérdida de energía. La ansiedad, en cambio, se presenta como un estado de alerta permanente, acompañado de preocupación excesiva y síntomas físicos. Salazar sostiene que la terapia cognitivo-conductual ha demostrado alta efectividad en jóvenes, especialmente cuando se combina con acompañamiento familiar y actividad física. También recomienda reducir el uso excesivo de redes sociales, practicar técnicas de respiración y buscar ayuda profesional cuando los síntomas interfieren en la vida cotidiana.

Especialistas coinciden en que la prevención requiere una respuesta colectiva. Crear entornos de apoyo, educar en salud mental y garantizar acceso a atención profesional son medidas clave para enfrentar una problemática que ya impacta a una generación entera. Reconocer la ansiedad y la depresión no como debilidad, sino como enfermedades tratables, es un paso fundamental para mejorar la calidad de vida de los jóvenes.


En la página web del Ministerio de Salud Pública (MSP) se informa que en el mundo, cerca de 1000 millones de personas tienen un trastorno mental, siendo la depresión una de las principales causas de enfermedad y discapacidad entre adolescentes y adultos. Además, uno de cada cinco niños y adolescentes tiene un trastorno mental.

En Ecuador, el porcentaje de años de vida perdidos por discapacidad relacionada a problemas de salud mental es del 33,4%: 8,3% por depresión, 5,2% por ansiedad, 1,6% por esquizofrenia, 1,5% por suicidio y trastorno bipolar y 0,9% por consumo de alcohol. En el mismo contexto, en 2023, se produjeron un total de 1.201 muertes por suicidio a nivel nacional con mayor incidencia en población adulta mayor, asimismo hombres y mujeres jóvenes, seguido de adolescentes.

Desde enero de 2024, Ecuador cuenta con una Ley Orgánica de Salud Mental que establece el marco legal para su abordaje en el país, ante ello, el MSP trabaja en la Política Nacional de Salud Mental para dirigir acciones hacia la promoción y prevención de factores de riesgo en problemas de salud mental; provisión de servicios con énfasis en el primer y segundo nivel de atención; recuperación e inclusión, cuidado a largo plazo e inclusión socio-comunitaria, además prioriza la capacitación y formación de su personal.

Asimismo, la ciudadanía puede acceder a la línea 171 opción 6 en caso de requerir atención de crisis de salud mental. En este servicio, entre enero y septiembre de 2024, se han atendido un total de 23.486 personas.

Detrás de cada diagnóstico hay vidas que aún buscan equilibrio, comprensión y una oportunidad para empezar de nuevo. Reconocer estas enfermedades no es admitir fragilidad, sino abrir la puerta a la recuperación. En una generación que aprendió a callar lo que duele, escuchar y acompañar puede ser el gesto que devuelva esperanza.

Somos un medio de comunicación digital independiente impulsado por jóvenes que conciben el periodismo como una herramienta de vigilancia, memoria y transformación social. Nacemos de la convicción de que informar no es adornar la realidad, sino mirarla de frente; por eso investigamos, preguntamos y contamos las historias que otros prefieren silenciar. Narramos con rigor y ética para visibilizar las voces que suelen quedar fuera del debate público, señalamos las vulneraciones de derechos humanos y abordamos los conflictos ambientales y de sostenibilidad con responsabilidad.

Narrativa con Rigor

Sonrisas que esconden tormentas

Historias reales que rompen el silencio sobre la ansiedad y la depresión en jóvenes Redacción: Yulisa Chimbolema Sagñay, Ashley Navarrete Gómez, Emily Salazar Ortega y Jessica García Rodríguez La ansiedad y la depresión no siempre se ven. Asisten a clases, conversan con normalidad y sonríen para disimular tormentas internas. En Ecuador, cada vez más jóvenes enfrentan estas enfermedades mientras intentan sostener una vida que, hacia afuera, parece normal. Detrás de esa apariencia se esconden noches sin dormir, pensamientos repetitivos y una sensación constante de vacío. El sociólogo Byron Malán Naula advierte que estos trastornos afectan de manera directa el rendimiento académico, las relaciones sociales y el bienestar físico y emocional de los jóvenes. Según explica, la desmotivación, los problemas de concentración, el insomnio y el aislamiento limitan su desarrollo integral. Factores como la presión académica, la falta de apoyo emocional, la exposición a la violencia y el acceso restringido a servicios de salud mental agravan la situación. En Ecuador, añade, la depresión figura entre las principales causas de discapacidad en personas de 15 a 29 años, lo que evidencia la magnitud social del problema. Nathalie López conoce ese silencio de cerca. Su vida cambió tras una depresión posparto y la pérdida de un ser querido durante la pandemia. Lo que comenzó como tristeza se transformó en insomnio, taquicardias y ataques de pánico. “Tenía miedo de salir de casa, incluso de hacer cosas normales”, recuerda. Durante más de un año cargó sola con el miedo a ser juzgada. La ansiedad fue apagando a la mujer activa que era, llevándola al aislamiento. El punto de quiebre llegó cuando su familia intervino. Comprender que su padecimiento tenía un diagnóstico fue el primer paso para reconstruir su vida. Hoy reconoce que hablar abiertamente de salud mental es una forma de romper estigmas. Una historia parecida vivió Itzel Pacheco. Sus primeros síntomas aparecieron de forma gradual: angustia constante, pensamientos negativos, insomnio y una tristeza que no sabía explicar. Aunque estaba rodeada de personas, se sentía invisible. “Intentaba aparentar que todo estaba bien”, confiesa. El desgaste emocional comenzó a reflejarse en sus estudios y en su comportamiento. Fueron sus familiares y amistades quienes notaron el cambio y la ayudaron a buscar terapia. En ese proceso aprendió a identificar lo que sentía y a manejar la ansiedad sin esconderse. Hoy insiste en un mensaje simple, pero urgente: hablar salva y cuidar la salud mental es tan importante como cuidar el cuerpo. Desde la mirada clínica, el psicólogo José Manuel Salazar subraya que la salud mental es un pilar del bienestar integral. Aclara que la depresión no debe confundirse con una tristeza pasajera: se trata de un trastorno persistente que puede prolongarse por meses y manifestarse en culpa, agotamiento, miedo constante y pérdida de energía. La ansiedad, en cambio, se presenta como un estado de alerta permanente, acompañado de preocupación excesiva y síntomas físicos. Salazar sostiene que la terapia cognitivo-conductual ha demostrado alta efectividad en jóvenes, especialmente cuando se combina con acompañamiento familiar y actividad física. También recomienda reducir el uso excesivo de redes sociales, practicar técnicas de respiración y buscar ayuda profesional cuando los síntomas interfieren en la vida cotidiana. Especialistas coinciden en que la prevención requiere una respuesta colectiva. Crear entornos de apoyo, educar en salud mental y garantizar acceso a atención profesional son medidas clave para enfrentar una problemática que ya impacta a una generación entera. Reconocer la ansiedad y la depresión no como debilidad, sino como enfermedades tratables, es un paso fundamental para mejorar la calidad de vida de los jóvenes. En la página web del Ministerio de Salud Pública (MSP) se informa que en el mundo, cerca de 1000 millones de personas tienen un trastorno mental, siendo la depresión una de las principales causas de enfermedad y discapacidad entre adolescentes y adultos. Además, uno de cada cinco niños y adolescentes tiene un trastorno mental. En Ecuador, el porcentaje de años de vida perdidos por discapacidad relacionada a problemas de salud mental es del 33,4%: 8,3% por depresión, 5,2% por ansiedad, 1,6% por esquizofrenia, 1,5% por suicidio y trastorno bipolar y 0,9% por consumo de alcohol. En el mismo contexto, en 2023, se produjeron un total de 1.201 muertes por suicidio a nivel nacional con mayor incidencia en población adulta mayor, asimismo hombres y mujeres jóvenes, seguido de adolescentes. Desde enero de 2024, Ecuador cuenta con una Ley Orgánica de Salud Mental que establece el marco legal para su abordaje en el país, ante ello, el MSP trabaja en la Política Nacional de Salud Mental para dirigir acciones hacia la promoción y prevención de factores de riesgo en problemas de salud mental; provisión de servicios con énfasis en el primer y segundo nivel de atención; recuperación e inclusión, cuidado a largo plazo e inclusión socio-comunitaria, además prioriza la capacitación y formación de su personal. Asimismo, la ciudadanía puede acceder a la línea 171 opción 6 en caso de requerir atención de crisis de salud mental. En este servicio, entre enero y septiembre de 2024, se han atendido un total de 23.486 personas. Detrás de cada diagnóstico hay vidas que aún buscan equilibrio, comprensión y una oportunidad para empezar de nuevo. Reconocer estas enfermedades no es admitir fragilidad, sino abrir la puerta a la recuperación. En una generación que aprendió a callar lo que duele, escuchar y acompañar puede ser el gesto que devuelva esperanza.

Somos un medio de comunicación digital independiente impulsado por jóvenes que conciben el periodismo como una herramienta de vigilancia, memoria y transformación social. Nacemos de la convicción de que informar no es adornar la realidad, sino mirarla de frente; por eso investigamos, preguntamos y contamos las historias que otros prefieren silenciar. Narramos con rigor y ética para visibilizar las voces que suelen quedar fuera del debate público, señalamos las vulneraciones de derechos humanos y abordamos los conflictos ambientales y de sostenibilidad con responsabilidad.