El exceso de videojuegos y plataformas digitales fomenta el aislamiento y debilita los lazos familiares y sociales en edades tempranas
Redacción
James Tobar Sarabia, Daniela Bravo Sanchez, Johan Romero Laje, Jamel Rizzo Morante, Yiliam Morán Valverde, Gabriel Astudillo, Valeska Vélez Ulloa
El uso excesivo de videojuegos y plataformas digitales se ha convertido en una preocupación creciente para especialistas, docentes y familias. Lo que inicia como una actividad recreativa puede transformarse, con el tiempo, en una conducta adictiva que afecta el desarrollo emocional, social y académico de niños y adolescentes.
La doctora Andrea Proaño, especialista en salud mental del Ministerio de Salud Pública (MSP), explica que la adicción a los videojuegos se manifiesta cuando el uso deja de ser ocasional y se convierte en un abuso constante. “Este comportamiento impacta directamente en los hábitos diarios y en la conducta de los menores”, señala. Entre las principales señales de alerta menciona la irritabilidad, la falta de concentración, los trastornos del sueño y el aislamiento social.
La especialista subraya que la prevención depende, en gran medida, del rol activo de padres y docentes. Establecer límites claros, supervisar el contenido digital y fomentar actividades familiares y sociales resulta fundamental para evitar que el entretenimiento derive en dependencia. “Cuando el problema no se detecta a tiempo, puede generar serias dificultades en el desarrollo social de niños y adolescentes”, advierte.
Desde el ámbito educativo, la docente Jamel Jazmín Rizzo Morante, de una unidad educativa, coincide en que la tecnología no es negativa por sí misma. Sin embargo, recalca que su uso sin control puede provocar efectos adversos en el rendimiento académico y la convivencia escolar.
“El uso excesivo del celular genera distracción, bajo rendimiento y problemas de concentración en el aula”, afirma. Según la docente, estos comportamientos son cada vez más frecuentes entre los estudiantes, lo que refleja una problemática actual dentro del sistema educativo.
En el caso de los videojuegos, reconoce que pueden aportar beneficios, como el desarrollo de habilidades cognitivas y el trabajo en equipo. No obstante, advierte que su uso desmedido puede derivar en alteraciones del sueño, irritabilidad y desinterés por otras actividades, evidenciando la necesidad de un equilibrio en el consumo tecnológico.
La docente enfatiza, además, la importancia del trabajo conjunto entre la escuela y la familia. En algunos casos, explica, ha sido necesario dialogar con los padres para limitar el uso del celular en casa, demostrando que la comunicación y la orientación son claves para promover un uso responsable de la tecnología.
Desde la psicología educativa, la doctora Karla Paola Rengel Zambrano alerta sobre los efectos neurológicos del uso excesivo de pantallas. Explica que los videojuegos activan el sistema de recompensa del cerebro infantil mediante la dopamina, generando una estimulación intensa que las actividades escolares tradicionales no siempre logran igualar.
Esta diferencia, señala, provoca frustración, desmotivación académica y pérdida de interés por el estudio. “Muchos niños prefieren permanecer frente a una consola antes que cumplir con sus responsabilidades escolares o compartir tiempo con su familia”, indica la especialista.
Ante este escenario, recomienda evitar la entrega temprana de dispositivos tecnológicos, establecer horarios estrictos y supervisar el uso de consolas y videojuegos en el hogar. “La prevención es clave para evitar el fracaso escolar y los daños emocionales”, sostiene, al tiempo que llama a docentes y padres a mantenerse atentos a cambios de conducta y rendimiento.
El encierro invisible
Al principio parecía inofensivo. Un momento de distracción después de cumplir con las tareas diarias, una forma de relajarse frente a la pantalla. Nadie imaginó que ese pasatiempo terminaría ocupando cada vez más espacio, hasta desplazar el sueño, los estudios y los vínculos familiares. Así comienza el testimonio de Karen (nombre protegido) que decidió contar su historia para advertir sobre una adicción que avanza en silencio: la dependencia a los videojuegos.
Con el paso del tiempo, las horas de juego se multiplicaron sin que ella lo notara. La noche se convirtió en madrugada y la pantalla pasó a ser su principal compañía. Poco a poco, el mundo real empezó a resultarle pesado y exigente, mientras que el entorno virtual le ofrecía una sensación inmediata de control y recompensa. “Allí todo parecía más sencillo”, recuerda durante la entrevista.
Uno de los cambios más evidentes fue el aislamiento. Las salidas, el deporte y los encuentros con amigos dejaron de tener sentido. El interés por actividades que antes disfrutaba se fue apagando, reemplazado por la necesidad constante de seguir jugando. La adicción no solo alteró su rutina, sino también su forma de relacionarse con los demás, generando una distancia emocional que afectó a su entorno familiar.
Este encierro no fue solo social. El cuerpo también comenzó a resentirse. Dolores de espalda, cansancio visual y horarios irregulares de alimentación se volvieron parte de su día a día. Fue en ese punto cuando comprendió que el problema había dejado de ser una simple afición y se había transformado en una amenaza para su salud.
Aceptar la adicción fue el paso más difícil, pero también el más necesario. Reconocer que los videojuegos habían tomado el control de su vida marcó el inicio de un proceso de cambio. Establecer límites, buscar apoyo y encontrar nuevas motivaciones fuera de las pantallas se convirtieron en herramientas clave para recuperar el equilibrio perdido.
Hoy, su testimonio no busca demonizar a los videojuegos, sino llamar a la reflexión. El verdadero riesgo, afirma, aparece cuando se pierde la noción del tiempo y del autocuidado. Contar su historia es una forma de advertir que salir de ese círculo es posible y que siempre se puede volver a empezar.
Una mirada experta
La doctora Milena Yépez advierte que este tipo de casos se presentan con mayor frecuencia en niños y adolescentes, debido al fácil acceso a dispositivos electrónicos y a la falta de supervisión. Aunque reconoce que los videojuegos pueden aportar beneficios cognitivos y recreativos, señala que el uso excesivo puede afectar el desarrollo emocional, social y académico.
Entre los principales signos de alerta, la especialista menciona la pérdida de control sobre el tiempo de juego, el descuido de las responsabilidades escolares y el aislamiento social. A esto se suman cambios de humor, irritabilidad y dificultades de concentración.
Para prevenir esta problemática, Yépez destaca el rol fundamental de los padres. Establecer límites claros, promover actividades fuera de las pantallas y mantener una comunicación constante son acciones esenciales para evitar que el entretenimiento digital se convierta en una adicción.
Roblox: entretenimiento bajo la lupa
Para miles de niños y adolescentes, Roblox es más que un videojuego: es un espacio de encuentro, creación y socialización. A través de avatares y mundos virtuales se fomenta la creatividad y la interacción social. Los usuarios pueden diseñar juegos, jugar con personas de distintos países y formar equipos para cumplir objetivos comunes. Sin embargo, detrás de esta aparente diversión, crecen las alertas sobre los riesgos que implica el uso prolongado y sin supervisión de un adulto exponiéndolos a contenidos inapropiados.
La plataforma permite a sus usuarios comunicarse mediante chats y participar en juegos creados por otros jugadores. Esta libertad digital, aunque fomenta el ingenio, no siempre está acompañada de filtros efectivos ni de una supervisión constante. En consecuencia, algunos menores se enfrentan a comentarios ofensivos, comportamientos inadecuados y contenidos que no corresponden a su edad.
Para comprender esta realidad desde la experiencia directa, Ailyn A., (nombre protegido), de 15 años, relata haber tenido encuentros desagradables dentro de la plataforma. “He visto comentarios inapropiados en el chat y comportamientos que no son adecuados para jóvenes”, comenta. También señala que existen juegos que parecen infantiles por su diseño, pero que incluyen elementos extraños o inquietantes. Ante estos escenarios, su reacción suele ser abandonar el juego y utilizar las opciones de bloqueo o denuncia que ofrece la plataforma.
A pesar de ello, reconoce que Roblox le ha aportado aspectos positivos. Gracias a la interacción con jugadores de otros países, ha fortalecido su forma de comunicarse y ha desarrollado habilidades como el trabajo en equipo. Sin embargo, admite que el tiempo prolongado frente a la pantalla puede afectar otras áreas de su vida, como la convivencia familiar y el cumplimiento de sus responsabilidades académicas, especialmente, durante los fines de semana.
En cuanto a la interacción con otros usuarios, la adolescente afirma que limita su comunicación a lo estrictamente necesario para jugar en equipo y evita compartir información personal, consciente de los riesgos que implican las relaciones en entornos digitales.
Desde su experiencia, Ailyn recomienda a otros jóvenes moderar el tiempo que dedican a Roblox y mantenerse atentos a las personas con las que interactúan. Asimismo, hace un llamado a los padres para que supervisen los juegos que utilizan sus hijos y presten atención tanto al contenido como al tiempo que permanecen conectados.
El avance de los videojuegos y las plataformas digitales ha transformado la forma en que niños y adolescentes se entretienen, aprenden y se relacionan. Sin embargo, este reportaje evidencia que, cuando su uso no cuenta con límites ni supervisión adecuada, puede derivar en problemas que afectan la salud emocional, el rendimiento académico y la convivencia social. Las voces de especialistas, docentes y jóvenes coinciden en la urgencia de asumir una corresponsabilidad entre familias y escuelas para prevenir conductas adictivas y proteger el bienestar integral de los menores. Más que prohibir la tecnología, el desafío actual consiste en educar para un uso consciente, equilibrado y responsable, que permita aprovechar sus beneficios sin poner en riesgo el desarrollo de las nuevas generaciones.
Somos un medio de comunicación digital independiente impulsado por jóvenes que conciben el periodismo como una herramienta de vigilancia, memoria y transformación social. Nacemos de la convicción de que informar no es adornar la realidad, sino mirarla de frente; por eso investigamos, preguntamos y contamos las historias que otros prefieren silenciar. Narramos con rigor y ética para visibilizar las voces que suelen quedar fuera del debate público, señalamos las vulneraciones de derechos humanos y abordamos los conflictos ambientales y de sostenibilidad con responsabilidad.
El exceso de videojuegos y plataformas digitales fomenta el aislamiento y debilita los lazos familiares y sociales en edades tempranas Redacción James Tobar Sarabia, Daniela Bravo Sanchez, Johan Romero Laje, Jamel Rizzo Morante, Yiliam Morán Valverde, Gabriel Astudillo, Valeska Vélez Ulloa El uso excesivo de videojuegos y plataformas digitales se ha convertido en una preocupación creciente para especialistas, docentes y familias. Lo que inicia como una actividad recreativa puede transformarse, con el tiempo, en una conducta adictiva que afecta el desarrollo emocional, social y académico de niños y adolescentes. La doctora Andrea Proaño, especialista en salud mental del Ministerio de Salud Pública (MSP), explica que la adicción a los videojuegos se manifiesta cuando el uso deja de ser ocasional y se convierte en un abuso constante. “Este comportamiento impacta directamente en los hábitos diarios y en la conducta de los menores”, señala. Entre las principales señales de alerta menciona la irritabilidad, la falta de concentración, los trastornos del sueño y el aislamiento social. La especialista subraya que la prevención depende, en gran medida, del rol activo de padres y docentes. Establecer límites claros, supervisar el contenido digital y fomentar actividades familiares y sociales resulta fundamental para evitar que el entretenimiento derive en dependencia. “Cuando el problema no se detecta a tiempo, puede generar serias dificultades en el desarrollo social de niños y adolescentes”, advierte. Desde el ámbito educativo, la docente Jamel Jazmín Rizzo Morante, de una unidad educativa, coincide en que la tecnología no es negativa por sí misma. Sin embargo, recalca que su uso sin control puede provocar efectos adversos en el rendimiento académico y la convivencia escolar. “El uso excesivo del celular genera distracción, bajo rendimiento y problemas de concentración en el aula”, afirma. Según la docente, estos comportamientos son cada vez más frecuentes entre los estudiantes, lo que refleja una problemática actual dentro del sistema educativo. En el caso de los videojuegos, reconoce que pueden aportar beneficios, como el desarrollo de habilidades cognitivas y el trabajo en equipo. No obstante, advierte que su uso desmedido puede derivar en alteraciones del sueño, irritabilidad y desinterés por otras actividades, evidenciando la necesidad de un equilibrio en el consumo tecnológico. La docente enfatiza, además, la importancia del trabajo conjunto entre la escuela y la familia. En algunos casos, explica, ha sido necesario dialogar con los padres para limitar el uso del celular en casa, demostrando que la comunicación y la orientación son claves para promover un uso responsable de la tecnología. Desde la psicología educativa, la doctora Karla Paola Rengel Zambrano alerta sobre los efectos neurológicos del uso excesivo de pantallas. Explica que los videojuegos activan el sistema de recompensa del cerebro infantil mediante la dopamina, generando una estimulación intensa que las actividades escolares tradicionales no siempre logran igualar. Esta diferencia, señala, provoca frustración, desmotivación académica y pérdida de interés por el estudio. “Muchos niños prefieren permanecer frente a una consola antes que cumplir con sus responsabilidades escolares o compartir tiempo con su familia”, indica la especialista. Ante este escenario, recomienda evitar la entrega temprana de dispositivos tecnológicos, establecer horarios estrictos y supervisar el uso de consolas y videojuegos en el hogar. “La prevención es clave para evitar el fracaso escolar y los daños emocionales”, sostiene, al tiempo que llama a docentes y padres a mantenerse atentos a cambios de conducta y rendimiento. El encierro invisible Al principio parecía inofensivo. Un momento de distracción después de cumplir con las tareas diarias, una forma de relajarse frente a la pantalla. Nadie imaginó que ese pasatiempo terminaría ocupando cada vez más espacio, hasta desplazar el sueño, los estudios y los vínculos familiares. Así comienza el testimonio de Karen (nombre protegido) que decidió contar su historia para advertir sobre una adicción que avanza en silencio: la dependencia a los videojuegos. Con el paso del tiempo, las horas de juego se multiplicaron sin que ella lo notara. La noche se convirtió en madrugada y la pantalla pasó a ser su principal compañía. Poco a poco, el mundo real empezó a resultarle pesado y exigente, mientras que el entorno virtual le ofrecía una sensación inmediata de control y recompensa. “Allí todo parecía más sencillo”, recuerda durante la entrevista. Uno de los cambios más evidentes fue el aislamiento. Las salidas, el deporte y los encuentros con amigos dejaron de tener sentido. El interés por actividades que antes disfrutaba se fue apagando, reemplazado por la necesidad constante de seguir jugando. La adicción no solo alteró su rutina, sino también su forma de relacionarse con los demás, generando una distancia emocional que afectó a su entorno familiar. Este encierro no fue solo social. El cuerpo también comenzó a resentirse. Dolores de espalda, cansancio visual y horarios irregulares de alimentación se volvieron parte de su día a día. Fue en ese punto cuando comprendió que el problema había dejado de ser una simple afición y se había transformado en una amenaza para su salud. Aceptar la adicción fue el paso más difícil, pero también el más necesario. Reconocer que los videojuegos habían tomado el control de su vida marcó el inicio de un proceso de cambio. Establecer límites, buscar apoyo y encontrar nuevas motivaciones fuera de las pantallas se convirtieron en herramientas clave para recuperar el equilibrio perdido. Hoy, su testimonio no busca demonizar a los videojuegos, sino llamar a la reflexión. El verdadero riesgo, afirma, aparece cuando se pierde la noción del tiempo y del autocuidado. Contar su historia es una forma de advertir que salir de ese círculo es posible y que siempre se puede volver a empezar. Una mirada experta La doctora Milena Yépez advierte que este tipo de casos se presentan con mayor frecuencia en niños y adolescentes, debido al fácil acceso a dispositivos electrónicos y a la falta de supervisión. Aunque reconoce que los videojuegos pueden aportar beneficios cognitivos y recreativos, señala que el uso excesivo puede afectar el desarrollo emocional, social y académico. Entre los principales signos de alerta, la especialista menciona la pérdida de control sobre el tiempo de juego, el descuido de las responsabilidades escolares y el aislamiento social. A esto se suman cambios de humor, irritabilidad y dificultades de concentración. Para prevenir esta problemática, Yépez destaca el rol fundamental de los padres. Establecer límites claros, promover actividades fuera de las pantallas y mantener una comunicación constante son acciones esenciales para evitar que el entretenimiento digital se convierta en una adicción. Roblox: entretenimiento bajo la lupa Para miles de niños y adolescentes, Roblox es más que un videojuego: es un espacio de encuentro, creación y socialización. A través de avatares y mundos virtuales se fomenta la creatividad y la interacción social. Los usuarios pueden diseñar juegos, jugar con personas de distintos países y formar equipos para cumplir objetivos comunes. Sin embargo, detrás de esta aparente diversión, crecen las alertas sobre los riesgos que implica el uso prolongado y sin supervisión de un adulto exponiéndolos a contenidos inapropiados. La plataforma permite a sus usuarios comunicarse mediante chats y participar en juegos creados por otros jugadores. Esta libertad digital, aunque fomenta el ingenio, no siempre está acompañada de filtros efectivos ni de una supervisión constante. En consecuencia, algunos menores se enfrentan a comentarios ofensivos, comportamientos inadecuados y contenidos que no corresponden a su edad. Para comprender esta realidad desde la experiencia directa, Ailyn A., (nombre protegido), de 15 años, relata haber tenido encuentros desagradables dentro de la plataforma. “He visto comentarios inapropiados en el chat y comportamientos que no son adecuados para jóvenes”, comenta. También señala que existen juegos que parecen infantiles por su diseño, pero que incluyen elementos extraños o inquietantes. Ante estos escenarios, su reacción suele ser abandonar el juego y utilizar las opciones de bloqueo o denuncia que ofrece la plataforma. A pesar de ello, reconoce que Roblox le ha aportado aspectos positivos. Gracias a la interacción con jugadores de otros países, ha fortalecido su forma de comunicarse y ha desarrollado habilidades como el trabajo en equipo. Sin embargo, admite que el tiempo prolongado frente a la pantalla puede afectar otras áreas de su vida, como la convivencia familiar y el cumplimiento de sus responsabilidades académicas, especialmente, durante los fines de semana. En cuanto a la interacción con otros usuarios, la adolescente afirma que limita su comunicación a lo estrictamente necesario para jugar en equipo y evita compartir información personal, consciente de los riesgos que implican las relaciones en entornos digitales. Desde su experiencia, Ailyn recomienda a otros jóvenes moderar el tiempo que dedican a Roblox y mantenerse atentos a las personas con las que interactúan. Asimismo, hace un llamado a los padres para que supervisen los juegos que utilizan sus hijos y presten atención tanto al contenido como al tiempo que permanecen conectados. El avance de los videojuegos y las plataformas digitales ha transformado la forma en que niños y adolescentes se entretienen, aprenden y se relacionan. Sin embargo, este reportaje evidencia que, cuando su uso no cuenta con límites ni supervisión adecuada, puede derivar en problemas que afectan la salud emocional, el rendimiento académico y la convivencia social. Las voces de especialistas, docentes y jóvenes coinciden en la urgencia de asumir una corresponsabilidad entre familias y escuelas para prevenir conductas adictivas y proteger el bienestar integral de los menores. Más que prohibir la tecnología, el desafío actual consiste en educar para un uso consciente, equilibrado y responsable, que permita aprovechar sus beneficios sin poner en riesgo el desarrollo de las nuevas generaciones.
Somos un medio de comunicación digital independiente impulsado por jóvenes que conciben el periodismo como una herramienta de vigilancia, memoria y transformación social. Nacemos de la convicción de que informar no es adornar la realidad, sino mirarla de frente; por eso investigamos, preguntamos y contamos las historias que otros prefieren silenciar. Narramos con rigor y ética para visibilizar las voces que suelen quedar fuera del debate público, señalamos las vulneraciones de derechos humanos y abordamos los conflictos ambientales y de sostenibilidad con responsabilidad.